Mensaje de María Reina de la Paz 25 de mayo 2017

​“Queridos hijos, el Altísimo me 

ha permitido invitarlos de nuevo a la conversión. Hijitos, abran sus corazones a la gracia a la que están todos invitados. Sean testigos de la paz y del amor en este mundo inquieto. Su vida aquí en la Tierra es pasajera. Oren para que a través de la oración anhelen el Cielo y las cosas del Cielo, y sus corazones verán todo de manera diferente. No están solos, yo estoy con ustedes e intercedo ante mi Hijo Jesús por ustedes. ¡Gracias por haber respondido a mi llamado!”

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Oraciones por las Almas del Purgatorio – los difuntos –

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Libro de oraciones para las almas del purgatorio

http://es.slideshare.net/mobile/jossdelga/libro-de-oraciones-para-las-almas-del-purgatorio

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El Señor es mi fuerza, roca y salvación… Salmo 18

Salmos, 18

1.Al maestro de coro. Del siervo de Dios, David, que entonó a Dios este cántico después de haber sido liberado de sus enemigos, especialmente de Saúl
2.Dijo:
3.Yo te amo, Señor, tú eres mi fuerza, mi roca, mi fortaleza, mi libertador, mi Dios, mi roca donde yo me refugio, mi escudo protector, mi salvación, mi asilo.
4.¡Alabado sea Dios! Yo le invoco y salgo victorioso de mis enemigos.
5.Las olas de la muerte me envolvían, los torrentes del averno me espantaban,
6.los lazos del abismo me liaban, se tendían ante mí las trampas de la muerte.
7.Clamé al Señor en mi angustia, alcé mi grito hacia mi Dios, y él escuchó mi voz desde su templo, mi grito llegó hasta sus oídos.
8.Entonces se estremeció, tembló la tierra, las bases de los montes vacilaron, retemblaron al estallido de su ira;
9.una humareda subía de sus narices y de su boca un fuego destructor, de él salían carbones encendidos.
10.Inclinó los cielos y bajó; una densa nube debajo de sus pies;
11.montó sobre un querubín, emprendió el vuelo, sobre las alas del viento planSalmos, 18

1.Al maestro de coro. Del siervo de Dios, David, que entonó a Dios este cántico después de haber sido liberado de sus enemigos, especialmente de Saúl
2.Dijo:
3.Yo te amo, Señor, tú eres mi fuerza, mi roca, mi fortaleza, mi libertador, mi Dios, mi roca donde yo me refugio, mi escudo protector, mi salvación, mi asilo.
4.¡Alabado sea Dios! Yo le invoco y salgo victorioso de mis enemigos.
5.Las olas de la muerte me envolvían, los torrentes del averno me espantaban,
6.los lazos del abismo me liaban, se tendían ante mí las trampas de la muerte.
7.Clamé al Señor en mi angustia, alcé mi grito hacia mi Dios, y él escuchó mi voz desde su templo, mi grito llegó hasta sus oídos.
8.Entonces se estremeció, tembló la tierra, las bases de los montes vacilaron, retemblaron al estallido de su ira;
9.una humareda subía de sus narices y de su boca un fuego destructor, de él salían carbones encendidos.
10.Inclinó los cielos y bajó; una densa nube debajo de sus pies;
11.montó sobre un querubín, emprendió el vuelo, sobre las alas del viento planeaba;
12.puso a su alrededor la oscuridad por tienda, agua tenebrosa y espesos nubarrones;
13.al resplandor de su presencia, las nubes se convirtieron en rayos y carbones encendidos;
14.el Señor tronó desde los cielos, el altísimo hizo sonar su voz;
15.lanzó sus flechas y los dispersó, fulminó sus rayos y los ahuyentó.
16.Apareció el fondo de los mares, los cimientos de la tierra quedaron al desnudo, al fragor, Señor, de tu amenaza, al resollar del viento en tus narices.
17.Desde arriba alargó la mano y me agarró, me sacó de las aguas caudalosas;
18.me libró de un adversario poderoso, de enemigos más potentes que yo.
19.En el día de mi desgracia me asaltaron, pero el Señor se hizo mi apoyo;
20.me agarró, me puso a salvo, me libró porque me ama.
21.El Señor me retribuye según mi justicia, me paga según la inocencia de mis manos;
22.porque he seguido los caminos del Señor y no he sido nunca infiel a Dios;
23.todas sus leyes han estado ante mí y no aparté de mí sus mandamientos,
24.fui para con él irreprochable y estoy lejos de la injusticia.
25.El Señor me retribuye según mi justicia, según la limpieza que ha visto en mis manos.
26.Con el fiel tú eres fiel, con el hombre intachable, tú sin tacha;
27.con el sincero eres sincero, con el astuto procedes con astucia.
28.Tú salvas al pueblo humilde y humillas los ojos altaneros.
29.Tú, Señor, eres mi lámpara; Dios mío, ilumina mis tinieblas.
30.Confiado en ti corro a la lucha y con mi Dios asalto las murallas.
31.Oh Dios, su camino es perfecto, la palabra del Señor se cumple siempre, él es el escudo de los que se refugian en él.
32.¿Quién es Dios fuera del Señor? ¿Quién es roca fuera de nuestro Dios?
33.El Dios que me ciñe de poder y hace seguro mi camino,
34.que asemeja mis pies a los del ciervo y me mantiene firme en las alturas,
35.adiestra mis manos para la lucha y mis brazos para tensar arcos de bronce.
36.Tú me das el escudo victorioso, tu diestra me sostiene, tus cuidados me hacen prosperar.
37.Tú ensanchas el camino ante mis pasos y mis pies no vacilan;
38.perseguí a mis enemigos, les di alcance, no me volví hasta acabar con ellos;
39.los derroté y no podían rehacerse, sucumbían debajo de mis pies.
40.Me ceñiste de fortaleza en la batalla, aplastaste bajo mí a mis agresores;
41.me hiciste ver la espalda de mis enemigos y exterminé a los que me odiaban.
42.Gritaron, pero no hubo salvador; clamaron al Señor, pero no hubo respuesta.
43.Los deshice como polvo al viento, los aplasté como el barro del camino.
44.Me hiciste escapar de las sediciones de los pueblos, me pusiste a la cabeza de naciones, un pueblo que yo no conocía, ahora me sirve.
45.Son todo oídos, me obedecen, los hijos de extranjeros forman mi corte;
46.los hijos de extranjeros palidecen y abandonan temblando sus refugios.
47.¡Viva el Señor, bendita sea mi roca! ¡Alabado sea Dios, el Dios de mi victoria!
48.El Dios que me concede la venganza y sojuzga los pueblos a mis pies.
49.Tú me libras de furiosos enemigos, me haces triunfar sobre mis agresores, me salvas del violento.
50.Por eso, Señor, te alabaré entre las naciones, cantaré en honor de tu nombre;
51.Él da grandes victorias a su rey y otorga su favor a su mesías, a David y a su descendencia para siempre.

el señor es mi fuerza (salmo 17) (fyc 674): http://youtu.be/p5LT4qPLKm4

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ORACION Y BAUTISMO ESPIRITUAL POR LOS NIÑOS NO NACIDOS

ORACION POR LA SALVACION DE LOS NIÑOS ABORTADOS

Señor Jesús, por medio de tu Madre bendita, te ofrezco todos mis pensamientos, palabras y obras de este día por todas las intenciones de tu Sagrado Corazón.
Especialmente, te ofrezco todos los actos de fe y de amor para obtener de tu Sagrado Corazón la gracia del bautismo para todos los niños inocentes, que serán asesinados hoy por el aborto.
Y, dado que sus propios padres y madres rechazarán su vida con violencia y rehúsan ser garantes de la fe de estos niños, te pido que me aceptes como padre y madre espiritual de estos niños.
Acéptame como garante del deseo de estos niños de estar contigo por siempre para que, habiendo sido asesinados cruelmente, ellos puedan ser admitidos a tu presencia como mártires inocentes y sean salvados por tu amor. Amén.

ORACION POR LOS ABORTOS ESPONTANEOS

Señor Dios, confiamos a tu amor a este pequeñito, que ha dado alegría a sus padres por poco tiempo. Llévalo a la vida eterna.
Señor, tú has formado a este niño en el vientre materno. Tú lo has conocido por su nombre desde el principio del tiempo. Nosotros ahora deseamos ponerle el nombre de N., un nombre que guardaremos como un tesoro en nuestro corazón para siempre.
Oramos por estos padres, que están tristes por la pérdida de su hijo. Dales valor para soportar su pena y su dolor. Y que un día puedan encontrarse con su hijo en la alegría y en la paz de tu Reino. Te lo pedimos por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

SOBRE EL BAUTISMO ESPIRITUAL

En el periódico alemán “Rettende Macht” del 24 de setiembre de 1973, se habla de las revelaciones de Jesús a una mujer casada y madre de varios hijos. Entre otros mensajes Jesús le dice sobre los niños abortados:
“Estos pequeñitos pueden conseguir la visión beatífica. Transmite lo que voy a decirte a los sacerdotes, porque vosotros los podéis bautizar (espiritualmente).
Después de recitar el Credo, toma agua bendita y la esparces en todas las direcciones y di estas palabras: A todos vosotros, que habéis nacido muertos o que naceréis muertos, a todos los que fueron asesinados en el vientre de sus madres o que serán asesinados, para que podáis alcanzar la vida eterna por medio de Jesús. N. (aquí se dice el nombre). Yo te bautizo en el nombre del Padre, y del Hijo y el Espíritu Santo.
Al final, reza un Padre nuestro, un Avemaría y un Gloria. De esta manera, puedes bautizarlos a estos pequeñitos y ayudarlos a conseguir el cielo”.
BAUTISMO DE DESEO POR EL NIÑO

Padre John J. Dillon sugiere hacer una paraliturgia y en ella hacer algunas oraciones, como bautismo de deseo, por el niño y ofrecer a los padres “la vestidura blanca y el cirio bautismal”. Entre las oraciones propone las siguientes:

“Tú, Señor, autor y defensor de la vida, tú eres nuestra morada final. Te encomendamos a este niño (decir nombre). Confiando en tu misericordia y en tu amor paternal, te pedimos le concedas la eterna felicidad. Señor Dios, bondadoso y solícito, confiamos a tu amor este pequeño (N). Acógelo en la vida eterna. También te pedimos por sus padres, afligidos por la pérdida de su hijo. Concédeles fortaleza y valor y ayúdalos en su pena para que puedan un día reunirse con su hijo en la paz de tu Reino. Te lo pedimos por Cristo, Nuestro Señor. Amén”.

RITO PARA EL BAUTISMO ESPIRITUAL 

Los  hermanos Linn ( carismaticos catolicos jesuitas) nos ofrecen una especie de rito para el bautismo espiritual:

“Lee San Marcos 10,13-16, donde Jesús pide que los niños vayan a Él. Cierra los ojos y respira profundamente. Recuerda un momento en tu vida, cuando te sentiste especialmente amado, un momento, cuando supiste cuánto te ama Dios. Respira dentro de ti mismo ese amor otra vez. Ahora piensa en el bebé que has perdido. Ponte en contacto con tus sentimientos hacia ese bebé (por ejemplo, amor, tristeza, deseo, dolor, culpa, etc.).
Comparte amor y perdón con el bebé. Ve a Jesús y María delante de ti. Ve cómo ellos tienen a tu bebé en sus brazos y te lo ofrecen. Abre tus brazos y recíbelo. Dile al bebé todo lo que has estado guardando en tu corazón hacia él. Escucha cómo tu bebé quiere contestarte y escucha todo lo que él ha guardado en su corazón hacia ti. Durante los próximos minutos, di y haz con tu bebé todo lo que quieras.
Con Jesús y con el bebé, perdona a cualquier otra persona que pudo haber lastimado al bebé (médicos, otros parientes, etc.), cualquiera que, aun sin saberlo, no cuidó de esta nueva vida. Quizás tú u otra persona todavía sienten rabia hacia Dios por haberles enviado al bebé en una época no deseada, o por quitárselo. En este caso, “perdona” a Dios también.
Bautízalo. Ve de qué sexo es el bebé y pídele que te diga qué nombre quiere él. Con Jesús, bautízalo simbólicamente con ese nombre, pidiendo que Jesús lo lave y expulse cualquier dolor u oscuridad que el bebé tenga. Haz el signo de la cruz en la frente del bebé, y di con Jesús: Yo te bautizo N.N. en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Siente cómo el agua lo limpia y renueva.
Entrega al bebé a Jesús y María. Pídeles a Jesús y al bebé que te muestren cómo tú y el bebé pueden continuar amándose mutuamente a través de Jesús. ¿Cómo quieres que el bebé ore por ti y tu familia? ¿Cómo quiere tu bebé que ores por él? Cuando estés listo, pon el bebé en brazos de María y de Jesús. Invítalos a todos a que entren en la luz de tu corazón. Aspira ese gran amor que hay en tu corazón y deja que recorra todo tu cuerpo.
Los católicos, que han estado involucrados en un aborto provocado, deben acudir al sacramento de la confesión… y mandar celebrar una misa por el bebé”.
En resumen, creemos que bautizar espiritualmente a estos niños es muy importante para su felicidad y la de su familia, lo que nos indicaría que necesitan ayuda, pues podrían estar, hasta que se les ayude, en un limbo temporal.

¿POR QUE ORAR POR ELLOS Y BAUTIZARLOS ESPIRITUALMENTE? 

El Padre James Manjackal, de la India, es uno de los líderes de la renovación carismática más conocidos por su poderoso ministerio de sanación de enfermos. Dice así:
“De acuerdo a la enseñanza católica tradicional, los niños que mueren sin bautismo no pueden ir directamente al cielo. Estos niños van al limbo. Pero nosotros podemos bautizar a estos niños en fe y espíritu en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo y así enviarlos al cielo.
Considero que esta es una de las tareas de nuestro ministerio (sacerdotal), del cual muchos no están enterados. Lee 1 Co 15, 29. Yo practico este ministerio (de bautizar a los niños abortados) en mi predicación. También les digo a los padres que han abortado que confiesen su pecado y, si es posible, que hagan obras de caridad como, por ejemplo, ayudar a niños huérfanos en nombre de los niños abortados.
Muchos padres han dado testimonio de que después de tal bautismo (espiritual) de los niños abortados, ellos se les han aparecido como ángeles y los han consolado. ¡Gloria a Dios!”.

PONERLES UN NOMBRE

Algunos líderes carismáticos y María Simma y el Dr. McAll hablan de la importancia del ponerles un nombre a estos niños para poder identificarlos.
Pensemos que la mayoría de estos niños muertos sin bautismo son abortados, voluntaria o involuntariamente, y nadie se ha preocupado de ponerles un nombre. Normalmente, tampoco se acuerdan de ellos ni oran por ellos. Es por esto que son seres anónimos, N.N., que necesitan ser integrados en su propia familia y tener un nombre como señal de su identidad. Por eso, el ponerles un nombre dentro del marco de una misa celebrada para ellos o en el bautismo espiritual o al orar por ellos y ofrecerlos a Dios, tiene tan maravillosos efectos para toda la familia, que siente una influencia positiva de estos seres, que, a veces, se les aparecen para agradecérselo.


SUGERIMOS UNA BREVE ORACION PARA ESTOS CASOS
:

“Padre celestial, Padre bueno, gracias por habernos regalado a (decir nombre) como nuestro hijo, que estará contigo para siempre. Perdónanos los errores que hemos cometido. Te lo entregamos en tus brazos divinos por medio de María. Jesús, divino Salvador, bautízalo en tu amor divino y gracias por haberlo salvado y habernos sanado y liberado de nuestra angustia y sentimiento de culpabilidad. Gracias, Espíritu Santo, ven sobre todos nosotros y haznos con nuestro hijo, una familia unida en tu amor, en el tiempo y para la eternidad”. Amén.
Fuente: forodelavirgen.org

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Oracion para ser libre de temores y miedos

No tengas miedo, solamente ten fe" Marcos 5, 36 "Jesús, tú que animaste a los hombres y mujeres de todos los tiempos a no dejarse dominar por los temores y los miedos, hoy tengo que reconocer delante de Tí que hay momentos en que he sentido mucho miedo y turbación. Momentos que han sido o que aún son desconcertantes y tormentosos. Por eso hoy te digo: Jesús, ven a mí en esos momentos en que tengo miedo. Ven a mí cuando dudo, cuando me atormento por el sufrimiento y la incomprensión. Ven a mí cuando los temores y los ruidos interiores me afectan y quedo bloqueado, sin fuerzas y sin saber que hacer. Ven a mí en los momentos en que me sienta atormentado por la sensación de pérdida y por la tentación de pensar que no estás cerca. Ven a mí cuando se enferma mi cuerpo, pero también si se enferma mi mente o mi espíritu. Ven a mí para perdonarme por las veces que he pecado pensando que estabas lejos, que no me amabas o que no te interesaban mis sufrimientos y los de las personas que amo. Ven a mí, pues yo sin Ti no tengo calma. Ven a mí, porque sin Ti no encuentro paz en nada. Ven Señor Jesús, ven pronto a mi vida. Así sea. No ha aprendido la lección de vida aquel que no vence un temor cada día - Ralph Waldo Emerson Oración extraída de A TI VENGO, SEÑOR 3 - del P. Gustavo E. Jamut, OMV

No tengas miedo, solamente ten fe” Marcos 5, 36
“Jesús, tú que animaste a los hombres y mujeres de todos los tiempos a no dejarse dominar por los temores y los miedos, hoy tengo que reconocer delante de Tí que hay momentos en que he sentido mucho miedo y turbación.
Momentos que han sido o que aún son desconcertantes y tormentosos.
Por eso hoy te digo:
Jesús, ven a mí en esos momentos en que tengo miedo.
Ven a mí cuando dudo, cuando me atormento por el sufrimiento y la incomprensión.
Ven a mí cuando los temores y los ruidos interiores me afectan y quedo bloqueado, sin fuerzas y sin saber que hacer.
Ven a mí en los momentos en que me sienta atormentado por la sensación de pérdida y por la tentación de pensar que no estás cerca.
Ven a mí cuando se enferma mi cuerpo, pero también si se enferma mi mente o mi espíritu.
Ven a mí para perdonarme por las veces que he pecado pensando que estabas lejos, que no me amabas o que no te interesaban mis sufrimientos y los de las personas que amo.
Ven a mí, pues yo sin Ti no tengo calma.
Ven a mí, porque sin Ti no encuentro paz en nada.
Ven Señor Jesús, ven pronto a mi vida.
Así sea.
No ha aprendido la lección de vida aquel que no vence un temor cada día – Ralph Waldo Emerson
Oración extraída de A TI VENGO, SEÑOR 3 – del P. Gustavo E. Jamut, OMV

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DISCURSO DE PAPA FRANCISCO EN LA VIGILIA DE LA JORNADA MUNDIAL JUVENTUD CRACOVIA 2016

CRACOVIA, 30 Jul. 16 / 01:28 pm (ACI).- Ante cientos de miles de jóvenes presentes en la Vigilia de la Jornada Mundial de la Juventud, el Papa Francisco pronunció un emocionante y extenso discurso en el que los alentó a ser signo de la misericordia, protagonistas de la historia y dejar su huella en el mundo.

A continuación el texto completo de su alocución:

Queridos jóvenes, buenas tardes

Es bueno estar aquí con ustedes en esta Vigilia de oración.

Al terminar su valiente y conmovedor testimonio, Rand nos pedía algo. Nos decía: «Les pido encarecidamente que recen por mi amado país». Una historia marcada por la guerra, el dolor, la pérdida, que finaliza con un pedido: el de la oración. Qué mejor que empezar nuestra vigilia rezando.

Venimos desde distintas partes del mundo, de continentes, países, lenguas, culturas, pueblos diferentes. Somos «hijos» de naciones, que quizá pueden estar enfrentadas luchando por diversos conflictos, o incluso estar en guerra. Otros venimos de países que pueden estar en «paz», que no tienen conflictos bélicos, donde muchas de las cosas dolorosas que suceden en el mundo sólo son parte de las noticias y de la prensa.

Pero seamos conscientes de una realidad: para nosotros, hoy y aquí, provenientes de distintas partes del mundo, el dolor, la guerra que viven muchos jóvenes, deja de ser anónima, para nosotros deja de ser una noticia de prensa, tiene nombre, tiene rostro, tiene historia, tiene una cercanía.

Hoy la guerra en Siria, es el dolor y el sufrimiento de tantas personas, de tantos jóvenes como la valiente Rand, que está aquí entre nosotros pidiéndonos que recemos por su amado país.

Existen situaciones que nos pueden resultar lejanas hasta que, de alguna manera, las tocamos. Hay realidades que no comprendemos porque sólo las vemos a través de una pantalla (del celular o de la computadora).

Pero cuando tomamos contacto con la vida, con esas vidas concretas no ya mediatizadas por las pantallas, entonces nos pasa algo importante, todos sentimos la invitación a involucrarnos: «No más ciudades olvidadas», como dice Rand: ya nunca puede haber hermanos «rodeados de muerte y homicidios» sintiendo que nadie los va a ayudar.

Queridos amigos, los invito a que juntos recemos por el sufrimiento de tantas víctimas fruto de la guerra, esta guerra que hay hoy en el mundo, recemos por tantas familias de la amada Siria y de otras partes del mundo, para que de una vez por todas podamos comprender que nada justifica la sangre de un hermano, que nada es más valioso que la persona que tenemos al lado. Y en este pedido de oración también quiero agradecerles a Natalia y a Miguel, porque ustedes también nos han compartido sus batallas, sus guerras interiores. Nos han mostrado sus luchas y cómo hicieron para superarlas. Son signo vivo de lo que la misericordia quiere hacer en nosotros.

Nosotros no vamos a gritar ahora contra nadie, no vamos a pelear, no queremos destruir, no queremos insultar. Nosotros no queremos vencer el odio con más odio, vencer la violencia con más violencia, vencer el terror con más terror. Nosotros hoy estamos aquí, porque el Señor nos ha convocado. Y nuestra respuesta a este mundo en guerra tiene un nombre: se llama fraternidad, se llama hermandad, se llama comunión, se llama familia.

Celebremos el venir de culturas diferentes y nos unimos para rezar. Que nuestra mejor palabra, que nuestro mejor discurso, sea unirnos en oración. Hagamos un rato de silencio y recemos; pongamos ante Dios los testimonios de estos amigos, identifiquémonos con aquellos para quienes «la familia es un concepto inexistente, y la casa sólo un lugar donde dormir y comer», o con quienes viven con el miedo de creer que sus errores y pecados los han dejado definitivamente afuera. Pongamos también las «guerras» de ustedes, nuestras guerras, las luchas que cada uno trae consigo, dentro de su corazón, en presencia de nuestro Dios. Y para esto, para estar en familia, los invito a ponerse de pie, a tomarse de la mano y rezar en silencio, todos.

(Oración en silencio)

Mientras rezábamos, me venía a la mente la imagen de los Apóstoles el día de Pentecostés. Una escena que nos puede ayudar a comprender todo lo que Dios sueña realizar en nuestra vida, en nosotros y con nosotros. Aquel día, los discípulos estaban encerrados por miedo. Se sentían amenazados por un entorno que los perseguía, que los arrinconaba en una pequeña habitación, obligándolos a permanecer quietos y paralizados. El temor se había apoderado de ellos. En ese contexto, pasó algo espectacular, algo grandioso. Vino el Espíritu Santo y unas lenguas como de fuego se posaron sobre cada uno, impulsándolos a una aventura que jamás habrían soñado. Las cosa cambia así.

Hemos escuchado tres testimonios, hemos tocado, con nuestros corazones, sus historias, sus vidas. Hemos visto cómo ellos, al igual que los discípulos, han vivido momentos similares, han pasado momentos donde se llenaron de miedo, donde parecía que todo se derrumbaba. El miedo y la angustia que nace de saber que al salir de casa uno puede no volver a ver a los seres queridos, el miedo a no sentirse valorado ni querido, el miedo a no tener otra oportunidad.

Ellos nos compartieron la misma experiencia que tuvieron los discípulos, han experimentado el miedo que sólo conduce a un lugar: ¿Adónde nos lleva el miedo? Al encierro. Y cuando el miedo se acovacha en el encierro siempre va acompañado por su «hermana gemela»: la parálisis, sentirnos paralizados. Sentir que en este mundo, en nuestras ciudades, en nuestras comunidades, no hay ya espacio para crecer, para soñar, para crear, para mirar horizontes, en definitiva para vivir, es de los peores males que se nos puede meter en la vida, y más en la juventud. La parálisis nos va haciendo perder el encanto de disfrutar del encuentro, de la amistad; el encanto de soñar juntos, de caminar con otros. Nos aleja de los otros, nos impide tender la mano. Como hemos visto, todos encerrados en ese lugar de adentro.

Pero en la vida hay otra parálisis todavía más peligrosa para los jóvenes, y muchas veces difícil de identificar; y que nos cuesta mucho descubrir. Me gusta llamarla la parálisis que nace cuando se confunde «felicidad» con un «sofá/kanapa». Sí, creer que para ser feliz necesitamos un buen sofá. Un sofá que nos ayude a estar cómodos, tranquilos, bien seguros. Un sofá —como los que hay ahora modernos con masajes adormecedores incluidos— que nos garantiza horas de tranquilidad para trasladarnos al mundo de los videojuegos y pasar horas frente a la computadora.

Un sofá contra todo tipo de dolores y temores. Un sofá que nos haga quedarnos en casa encerrados, sin fatigarnos ni preocuparnos. La «sofá-felicidad», «la kanapa-szcz??cie», es probablemente la parálisis silenciosa que más nos puede perjudicar, la juventud. ¿Y por qué sucede esto Padre? Porque poco a poco, sin darnos cuenta, nos vamos quedando dormidos, nos vamos quedando embobados y atontados. Ayer hablaba de los jóvenes que se jubilan a los 20 años, hoy hablo de los jóvenes adormecidos, embobados, atontados.

Mientras otros —quizás los más vivos, pero no los más buenos— deciden el futuro por nosotros. Es cierto, para muchos es más fácil y beneficioso tener a jóvenes embobados y atontados que confunden felicidad con un sofá; para muchos eso les resulta más conveniente que tener jóvenes despiertos, inquietos respondiendo al sueño de Dios y a todas las aspiraciones del corazón.

Les pregunto a ustedes ¿Quieren ser jóvenes adormecidos, embobados, atontados? ¿Quieren que otros decidan el futuro por ustedes? ¿Quieren ser libres? ¿Quieren luchar por su futuro? No están muy convencidos, eh. ¿Quieren luchar por su futuro? (¡Sí!)

Pero la verdad es otra: queridos jóvenes, no vinimos a este mundo a «vegetar», a pasarla cómodamente, a hacer de la vida un sofá que nos adormezca; al contrario, hemos venido a otra cosa, a dejar una huella. Es muy triste pasar por la vida sin dejar una huella. Pero cuando optamos por la comodidad, por confundir felicidad con consumir, entonces el precio que pagamos es muy, pero que muy caro: perdemos la libertad. No somos libres para dejar una huella, perdemos la libertad. Este es el precio y hay mucha gente que quiere que los jóvenes no sean libres, que sigan atontados, embobados, adormecidos. Esto no puede ser, debemos defender nuestra libertad.

Ahí está precisamente una gran parálisis, cuando comenzamos a pensar que felicidad es sinónimo de comodidad, que ser feliz es andar por la vida dormido o narcotizado, que la única manera de ser feliz es ir como atontado. Es cierto que la droga hace mal, pero hay muchas otras drogas socialmente aceptadas que nos terminan volviendo tanto o más esclavos. Unas y otras nos despojan de nuestro mayor bien: la libertad. Nos despojan de la libertad.

Amigos, Jesús es el Señor del riesgo, el Señor del siempre «más allá». Jesús no es el Señor del confort, de la seguridad y de la comodidad. Para seguir a Jesús, hay que tener una cuota de valentía, hay que animarse a cambiar el sofá por un par de zapatos que te ayuden a caminar por caminos nunca soñados y menos pensados, por caminos que abran nuevos horizontes, capaces de contagiar alegría, esa alegría que nace del amor de Dios, la alegría que deja en tu corazón cada gesto, cada actitud de misericordia.

Ir por los caminos siguiendo la «locura» de nuestro Dios que nos enseña a encontrarlo en el hambriento, en el sediento, en el desnudo, en el enfermo, en el amigo caído en desgracia, en el que está preso, en el prófugo y el emigrante, en el vecino que está solo. Ir por los caminos de nuestro Dios que nos invita a ser actores políticos, personas que piensan, movilizadores sociales.

Que nos incita a pensar una economía más solidaria. En todos los ámbitos en los que ustedes se encuentren, ese amor de Dios nos invita llevar la buena nueva, haciendo de la propia vida un homenaje a Él y a los demás. Y esto significa ser valiente, significa ser libres.

Podrán decirme: «Padre pero eso no es para todos, sólo es para algunos elegidos». Sí, es verdad, y estos elegidos son todos aquellos que estén dispuestos a compartir su vida con los demás. De la misma manera que el Espíritu Santo transformó el corazón de los discípulos el día de Pentecostés, estaban paralizados, lo hizo también con nuestros amigos que compartieron sus testimonios.

Uso tus palabras, Miguel, vos nos decías que el día que en la Facenda te encomendaron la responsabilidad de ayudar a que la casa funcionara mejor, ahí comenzaste a entender que Dios pedía algo de ti. Así comenzó la transformación.

Ese es el secreto, queridos amigos, que todos estamos llamados a experimentar. Dios espera algo de ti, ¿Han entendido? Dios quiere algo de ti, Dios te espera a ti. Dios viene a romper nuestras clausuras, viene a abrir las puertas de nuestras vidas, de nuestras visiones, de nuestras miradas. Dios viene a abrir todo aquello que te encierra. Te está invitando a soñar, te quiere hacer ver que el mundo con vos puede ser distinto. Eso sí, si vos no ponés lo mejor de vos, el mundo no será distinto. Es un desafío.

El tiempo que hoy estamos viviendo, no necesita jóvenes-sofá, m?ody-kanapa, sino jóvenes con zapatos; mejor aún, con los botines puestos. Este tiempo sólo acepta jugadores titulares en la cancha, no hay espacio para suplentes. El mundo de hoy les pide que sean protagonistas de la historia porque la vida es linda siempre y cuando querramos vivirla, siempre y cuando querramos dejar una huella.

La historia hoy nos pide que defendamos nuestra dignidad y no dejemos que sean otros los que decidan nuestro futuro. No, nosotros debemos decidir nuestro futuro, ustedes el suyo. El Señor, al igual que en Pentecostés, quiere realizar uno de los mayores milagros que podamos experimentar: hacer que tus manos, mis manos, nuestras manos se transformen en signos de reconciliación, de comunión, de creación. Él quiere tus manos para seguir construyendo el mundo de hoy. Él quiere construirlo con vos. ¿Y tú qué cosa respondes? ¿Sí o no?

Me dirás, Padre, pero yo soy muy limitado, soy pecador, ¿qué puedo hacer? Cuando el Señor nos llama no piensa en lo que somos, en lo que éramos, en lo que hemos hecho o de dejado de hacer. Al contrario: Él, en ese momento que nos llama, está mirando todo lo que podríamos dar, todo el amor que somos capaces de contagiar. Su apuesta siempre es al futuro, al mañana. Jesús te proyecta al horizonte, nunca al museo.

Por eso, amigos, hoy Jesús te invita, te llama a dejar tu huella en la vida, una huella que marque la historia, que marque tu historia y la historia de tantos. La vida de hoy nos dice que es mucho más fácil fijar la atención en lo que nos divide, en lo que nos separa. Pretenden hacernos creer que encerrarnos es la mejor manera para protegernos de lo que nos hace mal. Hoy los adultos necesitamos de ustedes, que nos enseñen como ahora hacen ustedes, a convivir en la diversidad, en el diálogo, en compartir la multiculturalidad, no como una amenaza sino, como una oportunidad y ustedes son una oportunidad para el futuro: tengan valentía para enseñarnos que es más fácil construir puentes que levantar muros. Necesitamos aprender esto.

Y todos juntos pidamos que nos exijan transitar por los caminos de la fraternidad. Que sean ustedes nuestros acusadores si elegimos la vida de los muros, de la enemistad, de la guerra. Construir puentes: ¿Saben cuál es el primer puente a construir? Un puente que podemos realizarlo aquí y ahora: estrecharnos la mano, darnos la mano. Anímense, hagan ahora, aquí, ese puente primordial, y dénse la mano, todos ustedes. Es el gran puente fraterno, el modelo.

Siempre está el riesgo de quedarse con la mano tendida, pero en la vida es necesario arriesgarse, quien no se arriesga no gana. Estrechen sus manos, gracias.

Y ojalá aprendan a hacerlo los grandes de este mundo… pero no para la fotografía, sino para seguir construyendo puentes más y más grandes. Que éste puente humano sea semilla de tantos otros; será una huella.

Hoy Jesús, que es el camino, a ti, a ti, a ti, te llama a dejar tu huella en la historia. Él, que es la vida, te invita a dejar una huella que llene de vida tu historia y la de tantos otros. Él, que es la verdad, te invita a desandar los caminos del desencuentro, la división y el sinsentido. ¿Te animas? ¿Qué responden ahora, quiero ver tus manos y tus pies al Señor, que es camino, verdad y vida?

Que el Señor bendiga sus sueños, gracias.

 
ACI Prensa
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