Unir las partes alejadas… Reflexión sobre la Virgen de Guadalupe…y nosotros mismos

Unir las partes alejadas



Una amiga Mejicana me enseñó algo que me ha dejado meditando: al estudiar la imagen de la Virgen de Guadalupe, impresa milagrosamente en la tilma de San Juan Diego (antes era el indiecito Juan Dieguito) descubrimos parte de la intención de María, allá por el siglo XVI. Ella quiso tomar las tradiciones más profundas de los indios, las más enraizadas, y volcarlas en su imagen de tal modo de atraer la atención de un pueblo que era muy afecto a la vida sobrenatural, al mundo espiritual. La Virgen, unida a la Voluntad de Dios, se acercó a sus hijos y se manifestó de un modo que les resulte familiar, amigable. Es como una mamá que camufla la comida de su hijo, la que no quiere comer, para que la pruebe y pierda su miedo a lo desconocido.



De este modo, en la imagen de Guadalupe se encuentran muchas señales que quizás para nosotros no tienen significado, pero si lo tenían para los indios de aquella época. Sus ropas, el sol que aparece detrás de Ella, el ángel con forma de guerrero alado que aparece a sus pies, su pie izquierdo puesto en posición de baile como bailaban los indios de entonces, y muchos otros signos que produjeron un lazo inmediato de amor entre el pueblo y la Madre de Dios. María unió las partes alejadas: la cultura americana con el Evangelio que venía desde el este, en los barcos de los españoles. ¡Ella se vistió de india y se ornamentó con todas las tradiciones del pueblo!. Y por ese camino abrió una brecha de amor a Cristo que aún perdura y crece en toda América. ¡Que maravillosamente exitosa fue la estrategia utilizada por nuestra Madre!. María, como Madre de todos los hombres, hace lo imposible para acercarse a nuestras costumbres y hacer de ellas un camino a su Hijo, Jesús.

¿Cuál es el mensaje oculto detrás de esta clara estrategia celestial aplicada por Dios en Méjico, en 1531?. Dios, en Su Infinita Misericordia, se adapta una y otra vez a nosotros para tratar de llamar nuestra atención, y salvarnos. El Creador ve nuestra cultura, cambiante a lo largo de las distintas épocas del hombre, y utiliza los elementos que de ella le permiten elaborar un plan de salvación, adaptado a cada pueblo y a cada momento. Si Dios es flexible y se adapta a nosotros para llegar en forma más directa a nuestro corazón, ¿cómo no vamos a flexibilizarnos, a adaptarnos a nuestros tiempos, tratando de hacer de todo lo malo que nos rodea un mensaje, una invitación a vivir la Vida en Dios?. Dios quiere que seamos efectivos en nuestra tarea, por lo tanto, imitemos sus estrategias, sus amorosos planes de Salvación.

Quien tenga una profesión determinada, que la cristianice para que sus colegas vean en él una versión distinta de su propia vida laboral. Si eres madre de tus hijos, llega a los demás con las palabras de una madre, como lo hace María. Quien sepa cantar, pues a utilizar la música para evangelizar. Quien sepa de computación, que la utilice para difundir los mensajes de Salvación. En fin, mírate dentro, mira lo que eres, y transforma eso mismo en una herramienta de ayuda a Dios.

Tu misión de vida, entonces, está más cerca de ti de lo que piensas: ¡está inserta profundamente en lo que eres hoy, en lo que haces hoy!. Sólo tienes que adaptar tu forma de plantear las cosas, las cosas de todos los días, a lo que Jesús y Su Madre nos piden. No pienses que tienes que ir muy lejos, tu misión está junto a ti, a tu lado.


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