ALMAS GEMELAS

ALMAS GEMELAS

(LAZOS DE AMOR) 

 
 

Hay alguien especial para cada uno de noso­tros.  
A menudo, nos están destinados dos, tres y hasta cuatro seres.  
Pertenecen a distintas genera­ciones y viajan a través de los mares,  
Del tiempo y de las inmensidades celestiales para encontrar­se de nuevo con nosotros.  
Proceden del otro la­do, del cielo.  
Su aspecto es diferente, pero nuestro corazón los reconoce, porque tal vez los ha amado en los desiertos de Egipto iluminados por la luna…  
Y en las antiguas llanuras de Mongolia con ellos hemos cabalgado en remotos ejércitos de guerre­ros y convivido en las cuevas cubiertas de arena de la Antigüedad … 

Estamos unidos a ellos por los vínculos de la eternidad y nunca nos abandonarán. 
Es posible que nuestra mente diga:  
«Yo no te conozco.»  
Pero el corazón sí le conoce

Él o ella nos cogen de la mano por primera vez  
y el recuerdo de ese contacto trasciende el tiempo  

y sacude cada uno de los átomos de nuestro ser.
Nos miran a los ojos y vemos a un alma gemela a través de los siglos.  
El corazón nos da un vuelco.  
Se nos pone la piel de gallina.  
En ese momento todo lo demás pierde importancia.Puede que no nos reconozcan a pesar de que  
finalmente nos hayamos encontrado otra vez,  
Aunque nosotros sí sepamos quiénes son
. Sentimos el vínculo que nos une.
 

También intuimos las posibilidades, el futuro. 
En cambio, él o ella no lo ven.
 
Sus temores, su intelecto y sus problemas forman un velo  
que cubre los ojos de su corazón,  
y no nos permite que se lo retiremos …
Sufrimos y nos lamentamos mientras el individuo en cuestión  
sigue su camino.  
Tal es la fragilidad del destino. 
La pasión que surge del mutuo reconocimiento  
supera la intensidad de cualquier erupción volcánica,  
y se libera una tremenda energía.  
Podemos reconocer a nuestra alma gemela de un modo inmediato.  
Nos invade de repente un sentimiento de familiaridad

sentimos que ya conocemos profundamente a esta persona,  
A un nivel que rebasa los límites de la conciencia, con una profundidad  
que normalmente está reservada para los miembros más íntimos de la familia
.  
O incluso más profundamente.  
De una forma intuitiva, sabemos qué decir y cuál será su reacción.  
Sentimos una seguridad y una confianza enormes, que no se adquieren  
en días, semanas o meses. 
Pero el reconocimiento se da casi siempre de un modo lento y sutil. 
La conciencia se ilumina a medida que el velo se va descorriendo
.  
No todo el mundo está preparado para percatarse al ins­tante. 

Hay que esperar el momento adecuado,  
y la persona que se da cuenta primero tiene que ser paciente. Gracias a una mirada, un sueño, un recuerdo  
o un sentimiento
podemos llegar a reconocer a un alma gemela.
 
Sus manos nos rozan o sus labios nos besan, 
y nuestra alma recobra vida súbitamente. 
El contacto que nos despierta tal vez sea el de un hijo,  
hermano, pariente o amigo íntimo… 

puede tratarse de nuestro ser amado que, a través de los siglos; llega a nosotros  
y  
nos besa de nuevo para recordarnos 
que permaneceremos siempre juntos, 
hasta la eternidad.
 
 
 

María de los Ángeles – Punta del Este, Uruguay

mariade-losangeles@hotmail.com

mariade_losangeles@yahoo.com

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