¿ Por que Jesus quiso ser hombre?

 
¿Por qué Jesús quiso ser humano?
Yolanda Silva Solano.

 

Jesús quiso nacer como un ser humano para que nosotros pudiésemos tener dentro de nosotros una parte de la divinidad, pero para que esto fuese posible, había que cambiar el concepto que la humanidad tenía de Dios. Jesús vino a traernos un mensaje preciso y contundente que echó por tierra la visión de ese Dios iracundo, castigador y selectivo, por la imagen de un Padre amante que envía a su Hijo para enseñarnos como llegar a El en forma personal, porque la verdadera religión es discernimiento interior de la realidad, es la fe de la conciencia moral y no un simple consentimiento intelectual en un cuerpo de doctrinas dogmáticas”
 
La Buena Nueva de la religión personal, la cual “pone un espíritu de acción positiva, en las doctrinas pasivas de la religión judía. En el lugar de la obediencia negativa a los requisitos ceremoniales, Jesús impuso una actuación positiva en pos de lo que su nueva religión exigía a los que la aceptaban. La religión de Jesús consistió no solamente en creer, sino en hacer lo que el evangelio requiere” porque la religión es válida sólo cuando revela la paternidad de Dios e intensifica la hermandad entre los hombres”

Jesús vino a traernos un mandamiento que no está escrito en la piedra dura, sino que está a disposición de todos los hombres para que sea el Amor quien lo grabe en sus corazones. “La doctrina de la paternidad de Dios, convirtió en obligatoria la práctica de la hermandad de los hombres. La adoración a Dios y el servicio del hombre se tornaron la suma y sustancia de su religión”  porque “aún cuando la religión sea exclusivamente una experiencia personal, el conocer a Dios como Padre, da como corolario el conocer al hombre como hermano. Comprende la adaptación del yo al de los otros y eso involucra el aspecto social y grupal, porque la religión es primero una comprensión interior y personal y luego se vuelve un asunto de servicio social y adaptación al grupo”  

Por eso, no nos engañemos creyendo que podemos evolucionar mejor en soledad, porque “el asilamiento tiende a agotar la carga de energía del alma. La asociación con los semejantes, es esencial para mantener el entusiasmo por la vida e indispensable la alimentar la valentía necesaria en las batallas inherentes a la ascensión a los niveles más altos del vivir humano” porque la medida del amor hacia nuestros hermanos, es la medida de nuestro amor al Padre, “recordad que cuando ayudéis al más humilde de mis hermanos, hacéis este servicio para Mí” y Navidad es uan muy buena ocasión para recordar las palabras de Jesús
 
Jesús se hizo hombre, para enseñarnos a buscar a Dios en nosotros y por nosotros mismos, porque es cierto que Dios mora en el Paraíso, pero también lo hace en nuestro propio ser, porque su amor “actúa directamente en el corazón de cada individuo, independientemente de las acciones o reacciones de todos los demás individuos. La relación es personal entre el hombre y Dios”  pues “el amor del Padre está en nosotros ahora, ya a través del círculo sin fin de las edades eternas” el debe seguir naciendo en nuestros corazones.
 
Cuando se logra traspasar lo aparente de la religión y se llega a esta comunión íntima con Dios, deja de ser una deidad lejana y se convierte en nuestro mejor Amigo y somos capaces de encontrarlo fuera del templo y de los momentos de meditación, porque El se incorpora a nuestra vida cotidiana, dándole un valor de sobrevivencia a todo lo que hacemos, porque “nada de lo hace un hijo de Dios es ordinario”
 
Ya es hora que nos demos cuenta que “nuestra religión debe cambiar de la sola creencia intelectual en la autoridad tradicional, a la experiencia real de esa fe viviente, que es capaz de alcanzar la realidad de Dios y todo lo que se relaciona con el espíritu divino del Padre. La religión de la mente, nos vincula sin esperanza al pasado, en cambio la religión del espíritu consiste en la revelación progresiva y nos llama constantemente a alcances más altos y santos en ideales espirituales y en realidades eternas” 
 
Pero esas metas eternas, las debemos de ganar Aquí y Ahora en el trabajo diario y corriente de nuestra vida porque “el hombre crece constantemente desde lo material hacia lo espiritual, por la fuerza y el poder de sus propias decisiones” La oración, la meditación, la adoración, si no van acompañadas del servicio social y de cambios positivos en nuestra conducta, son un tremendo auto engaño, que nos sume en el tremendo sueño del misticismo y nos impide evolucionar en forma real.
 
Jesús se hizo hombre para abrirnos las puertas de la eternidad, pero para que ello sea posible, es preciso que nosotros seamos capaces de amar a todos los hombres como nuestros hermanos sin excepción alguna porque “Jesús eligió establecer el reino del cielo en el corazón de los hombres, con métodos naturales, comunes y esforzados, los mismos procedimientos que tendrían que seguir en el futuro sus hijos terrenales para ampliar y expandir el reino celestial. Jesús también pasó por la prueba del hombre civilizado: la de tener poder y negarse a utilizarlo con fines personales y egoístas”
 
De los 33 años que Jesús vivió en la tierra, 30 de ellos lo vivió como cualquiera ser humano, para demostrarnos que la perfección no está en las cosas espectaculares sino en la sencillez de la vida cotidiana pues “era el plan de Miguel aparecer en la tierra como un hombre común, para que la gente común, pudiera comprenderlo y recibirlo” 
 
Este nuevo evangelio que Jesús nos predicó con su ejemplo “presentó el alcance espiritual como meta auténtica del vivir.  La vida humana recibió una dotación de valor moral y dignidad divina.  Jesús nos enseñó que las realidades eternas son el resultado y la recompensa del esfuerzo de una conducta recta en la tierra”  pues nada espiritual se consigue si no es a través de lo material. 
 
Jesús, aun cuando nunca dejó de ser Dios, como ser humano tuvo que aprender al igual que todos lo hacemos y unir lo espiritual a lo material.  Cuando tomamos conciencia que la espiritualidad es algo técnico que debemos aprender, nuestra condición humana cambia, porque dejamos de ser contemplativos pasivos y nos vamos convirtiendo en hacedores del reino en nuestro propio mundo interno porque permitimos que la misma “mente que estaba en Cristo, también esté en nosotros” porque es “un hecho solemne y excelso que estas criaturas bajas y materiales, como son los seres humanos de Urantia, son hijos de Dios, hijos por la fe del Altísimo.  Mirad cuanto amor nos ha dado el Padre para que seamos llamados hijos de Dios”
 
“Un Hijo creador de Dios se ha vuelto uno de vosotros, es vuestro hermano mayor, de hecho en espíritu os volvéis verdaderamente emparentados con Cristo, el victorioso Miguel, entonces en espíritu también debéis ser hijos de ese Padre que vosotros tenéis en común, aun del Padre Universal de todos”  Por lo tanto no es una utopía cuando se nos pide: “Sed perfectos así como Yo soy perfecto.  El Padre se ha otorgado a si mismo, ha colocado dentro de vosotros su espíritu, por lo tanto exige perfección última de vosotros”
 
Tenemos pues, todas las herramientas necesarias para nuestra evolución y nuestro Ajustador está ansioso por ayudarnos y enseñarnos a usarlas, pero una vez más, recordemos que la evolución es un camino absolutamente personal y que necesita de nuestra parte volitiva.  Para poder evolucionar necesitamos de varios elementos básicos: voluntad, motivación, comprensión y práctica.  Lo importante no está en los grandes eventos sino en la realidad de cada minuto. “El destino de la eternidad está determinado de momento a momento, por los logros del vivir día a día.  Las acciones de hoy son el destino de mañana”  El trabajo espiritual consiste en quinta esenciar lo corriente, es decir, ir más allá de las apariencias y buscar el significado a todo lo que nos ocurre, darnos cuenta del por qué y del cómo, no para quejarnos sino para ser capaces de vivenciar nuestra vida y aprender a aprovecharla para nuestra evolución.  Muchas veces ponemos como excusa nuestra falta de tiempo para ser espirituales, olvidando que la verdadera espiritualidad está en el quehacer cotidiano, es en medio de él que debemos recordar nuestra filiación divina, y ser consecuente de este privilegio e imitar el ejemplo que Jesús vino a traernos.
 
Recordemos a este Jesús, que quiso ser uno de nosotros, para poder señalarnos el camino hacia el Padre, el cual no es fácil, pero que también está lleno de recompensas, porque “una de las características mas sorprendente de la vida espiritual, es esa paz dinámica y sublime, esa paz que trasciende toda comprensión humana, esa calma cósmica que simboliza la ausencia de toda duda y confusión.  Tales niveles de estabilidad espiritual son inmunes a cualquier decepción” y merecen de todo nuestro esfuerzo por alcanzarla, que estos buenos propósitos nos  inunden en esta Navidad, para darle las gracias a Jesús por haber nacido entre nosotros porque gracias a este gesto de amor, ahora nosotros en esta Noche Buena podemos renacer a una vida mejor y más fructífera en los frutos del espíritu.
 
Felicidades junto al Niño Jesús.
 
 
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2 respuestas a ¿ Por que Jesus quiso ser hombre?

  1. Muy bueno y cierto, más dificil cumplirlo pero no imposible,gracias por compartir

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