San Francisco de Asis

SAN FRANCISCO DE ASIS



ORACIÓN
SIMPLE DE


SAN FRANCISCO DE ASÍS

Oh, Señor,
hazme un instrumento de Tu Paz .
D
onde hay odio, que lleve yo el Amor.

D
onde haya ofensa, que lleve yo el   Perdón.
D
onde haya discordia, que lleve yo la
Unión
.
D
onde haya duda, que lleve yo la Fe.
D
onde haya error, que lleve yo la Verdad.
D
onde haya desesperación, que lleve yo la Alegría.

D
onde haya tinieblas, que lleve yo la
Luz.

Oh,
Maestro, haced que yo no busque tanto ser
consolado, sino consolar;
ser comprendido, sino comprender;
ser amado, como amar.

Porque es:
Dando , que se recibe;
Perdonando, que se es perdonado;
Muriendo, que se resucita a la
Vida Eterna.


BREVE BIOGRAFIA


Francisco Bernardone nació en Asís, Italia, en el año 1182. Sus padres
fueron Pietro Bernardone y Madonna Pica. Siendo joven participó en la
guerra entre las regiones de Perusa y Asís, en 1202, y en la batalla de
Collestrada fue tomado prisionero y liberado al año siguiente. En 1205
se enroló nuevamente en el ejército y partió a la guerra, pero en el
trayecto tuvo un sueño en el que una voz le ordenó volver y dar otro
rumbo a su vida. Entonces comenzó su conversión: se apartó de los
amigos, frecuentó la compañía de los pobres e intensificó la vida de
soledad y oración.

En 1206, a la edad de 24 años, renunció a las riquezas y a su
familia, y se trasladó a la localidad de Gubbio para servir a los
leprosos. De regreso en Asís, vistió el hábito de ermitaño y trabajó en
la restauración de las ermitas de San Ubicación de la ciudad de Asís
Damián, San Pedro y Santa María de los Ángeles (también llamada la
Porciúncula).

En 1208, mientras oía misa en la Porciúncula, escuchó el evangelio
del envío de los discípulos en misión y descubrió su vocación
evangélica y apostólica. Empezó a predicar la paz, la igualdad entre
los hombres, el alejamiento de la riqueza, la dignidad de la pobreza,
el amor a todas las criaturas y la venida del Reino de Dios.
Entonces
se le unieron los tres primeros compañeros: Bernardo de Quintavalle,
Pedro Cattani y Gil de Asís, con quienes nace la I Orden Franciscana.

En 1209 escribió la primera Regla de la Orden, que dictaba el
estilo de vida para los franciscanos. Sus preceptos eran una vida
basada en el amor, la oración y la paz; votos de pobreza completa, lo
que incluía renunciar a las propiedades; sustento del propio trabajo o,
en caso necesario, de la limosna; y ofrecer ejemplo de renuncia de sí
mismo.
Viajó a Roma con sus once compañeros para reunirse con el Papa
Inocencio III y consiguió la aprobación verbal de la Regla. La pequeña
fraternidad escogió la Porciúncula como el primer hogar de la Orden. En
marzo de 1212, la noche del Domingo de Ramos, fue consagrada Clara,
dando inicio a la II Orden Franciscana, también llamada Clarisas o
Damas Pobres. Ese mismo año, Francisco se embarcó rumbo a Siria para
continuar su obra apostólica en Oriente, pero los vientos contrarios
hicieron fracasar su viaje y regresó. Los años siguientes viajó por
Italia, Francia y España. El 14 de mayo de 1217, durante Pentecostés,
se celebró en la Porciúncula el primer Capítulo General, junta para
organizar a sus seguidores en provincias y señalar lugares específicos
de misión. La Orden se dividió en doce provincias.

En 1219 consiguió viajar a Oriente, donde fue recibido por el
sultán de Egipto, pero tuvo que regresar apresuradamente a Italia
debido a problemas surgidos entre sus seguidores. En 1220 se retiró del
gobierno de la Orden y nombró como su Vicario a Pedro Catan. En 1221
fundó la III Orden, conocida como Terciarios, a la que podían
pertenecer quienes estuvieran ligados a ocupaciones civiles, estuvieran
casados o simplemente no pudieran seguir la I Orden por razones de
vocación o enfermedad. Ese mismo año, la organización eclesiástica le
solicitó que la Regla escrita hace once años (llamada primera Regla)
fuera nuevamente redactada, más breve. La Regla definitiva fue aceptada
por el Capítulo de Pentecostés (junta de religiosos) y aprobada y
confirmada mediante bula (documento eclesiástico) por el papa Honorio
III. En 1224, Francisco pasó la cuaresma de San Miguel en el monte La
Verna (en los Montes Apeninos, Italia), con el fin de hacer penitencia.
Allí recibió en su cuerpo las Llagas(estigmas o señales) de la Pasión
de Cristo
. En ese tiempo también tuvo una grave afección a los ojos que
lo dejó casi ciego, pero pese a su condición continuó predicando. En
1226, su estado de salud siguió empeorando progresivamente y fue
trasladado a Asís. Al sentir cercana la muerte, pidió que lo llevaran a
la Porciúncula.

El sábado 3 de octubre de 1226, hacia las 19 horas, murió a la edad
de 44 años. Al día siguiente, domingo 4 de octubre, su cuerpo fue
trasladado a Asís y sepultado en la iglesia de San Jorge. El 16 de
julio de 1228, el Papa Gregorio IX canonizó a Francisco de Asís y se
convirtió en Santo.

PADRENUESTRO DE SAN FRANCISCO 

Oh santísimo Padre
nuestro
: creador, redentor, consolador y salvador nuestro.

Que estás en el cielo: en los ángeles y en los santos;
iluminándolos para el conocimiento, porque tú,
Señor, eres luz; inflamándolos para el amor, porque
tú, Señor, eres amor; habitando en ellos y colmándolos
para la bienaventuranza, porque tú, Señor, eres
sumo bien, eterno bien, del cual viene todo bien, sin el cual
no hay ningún bien.

Santificado sea tu nombre: clarificada sea en nosotros tu noticia,
para que conozcamos cuál es la anchura de tus beneficios,
la largura de tus promesas, la sublimidad de la majestad y la
profundidad de los juicios.

Venga a nosotros tu reino: para que tú reines en nosotros
por la gracia y nos hagas llegar a tu reino, donde la visión
de ti es manifiesta, la dilección de ti perfecta, la compañía
de ti bienaventurada, la fruición de ti sempiterna.

Hágase tu voluntad
en la tierra como en el cielo
:
para que te amemos con todo el corazón, pensando siempre
en ti; con toda el alma, deseándote siempre a ti; con
toda la mente, dirigiendo todas nuestras intenciones a ti, buscando
en todo tu honor; y con todas nuestras fuerzas, gastando todas
nuestras fuerzas y los sentidos del alma y del cuerpo en servicio
de tu amor y no en otra cosa; y para que amemos a nuestro prójimo
como a nosotros mismos, atrayéndolos a todos a tu amor
según nuestras fuerzas, alegrándonos del bien de
los otros como del nuestro y compadeciéndolos en sus males
y no dando a nadie ocasión alguna de tropiezo.

Danos hoy nuestro pan de
cada día
: tu
amado Hijo, nuestro Señor Jesucristo: para memoria e inteligencia
y reverencia del amor que tuvo por nosotros, y de lo que por
nosotros dijo, hizo y padeció.

Perdona nuestras ofensas: por tu misericordia inefable, por
la virtud de la pasión de tu amado Hijo y por los méritos
e intercesión de la beatísima Virgen y de todos
tus elegidos.

Como también nosotros
perdonamos a los que nos ofenden
:
y lo que no perdonamos plenamente, haz tú, Señor,
que lo perdonemos plenamente, para que, por ti, amemos verdaderamente
a los enemigos, y ante ti por ellos devotamente intercedamos,
no devolviendo a nadie mal por mal , y nos apliquemos a ser provechosos
para todos en ti.

No nos dejes caer en la
tentación
: oculta
o manifiesta, súbita o importuna.

Y líbranos del mal: pasado, presente y futuro.

Gloria al Padre…


ORACIÓN
ANTE EL CRUCIFIJO DE SAN DAMIÁN


¡Oh alto y glorioso Dios!, ilumina las tinieblas de mi
corazón y dame fe recta, esperanza cierta y caridad perfecta,
sentido y conocimiento, Señor, para que cumpla tu santo
y veraz mandamiento.

S. Francisco
de Asís

Saludo de San Francisco de Asís a La Virgen María.

¡Salve, Señora, santa Reina, santa Madre de Dios,
María, virgen convertida en templo,
y elegida por el santísimo Padre del cielo,
consagrada por El con su santísimo
Hijo amado y el Espíritu Santo Paráclito;
que tuvo y tiene toda la plenitud de la gracia
y todo bien!

¡Salve, palacio de Dios!
Salve, tabernáculo de Dios!
¡Salve, casa de Dios!
¡Salve, vestidura de Dios!
¡Salve, esclava de Dios!
¡Salve, Madre de Dios!
¡Salve también todas vosotras,
santas virtudes, que, por la gracia
e iluminación del Espíritu Santo
sois infundidas en los corazones
de los fieles para hacerlos,
de infieles, fieles a Dios!

-San Francisco de Asís
 



CÁNTICO
DE LAS CRIATURAS
de San Francisco
de Asís

Omnipotente, altísimo,
bondadoso Señor, tuyas son la alabanza, la gloria y el
honor; tan sólo tú eres digno de toda bendición,
y nunca es digno el hombre de hacer de ti mención.

Loado seas
por toda criatura, mi Señor, y en especial loado por el
hermano sol, que alumbra, y abre el día, y es bello en
su esplendor, y lleva por los cielos noticia de su autor.

Y por la hermana
luna, de blanca luz menor, y las estrellas claras, que tu poder
creó, tan limpias, tan hermosas, tan vivas como son, y
brillan en los cielos: ¡loado, mi Señor!

Y por la hermana
agua, preciosa en su candor, que es útil, casta, humilde:
¡loado, mi Señor! Por el hermano fuego, que alumbra
al irse el sol, y es fuerte, hermoso, alegre: ¡loado mi
Señor!

Y por la hermana
tierra, que es toda bendición, la hermana madre tierra,
que da en toda ocasión las hierbas y los frutos y flores
de color, y nos sustenta y rige: ¡loado, mi Señor!

Y por los que
perdonan y aguantan por tu amor los males corporales y la tribulación:
¡felices los que sufren en paz con el dolor, porque les
llega el tiempo de la consolación!

Y por la hermana
muerte: ¡loado, mi Señor! Ningún viviente
escapa de su persecución; ¡ay si en pecado grave
sorprende al pecador! ¡Dichosos los que cumplen la voluntad
de Dios!

¡No probarán
la muerte de la condenación! Servidle con ternura y humilde
corazón. Agradeced sus dones, cantad su creación.
Las criaturas todas, load a mi Señor. Amén.


Explicación
Esta
bella oración de San Francisco es conocida por varios nombres: Cántico
de las Criaturas, Alabanzas de las Criaturas e Himno de la Hermana
Muerte. Fue escrito en romance umbro (la tierra del santo) y se lo
considera el primer poema en la lengua italiana. Se lo celebró como "el
más bello trozo de poesía religiosa después de los Evangelios" y "la
expresión más completa y lírica del alma y de la espiritualidad de
Francisco". La fecha de su composición es el otoño de 1225,
posiblemente en San Damián. La estrofa sobre el perdón la redactó con
ocasión de una controversia entre el Podestá de Asís, primera autoridad
de la ciudad, y el Obispo, reconciliándolos. Y la última, sobre la
hermana muerte, la compuso en octubre de 1226.

Las
circunstancias físicas en que se hallaba el Pequeñuelo obvian los
comentarios y provocan las conclusiones: desangrado por los estigmas,
casi ciego, enfermo del hígado, desnutrido y afiebrado. Por el
contrario, su vida interior estaba en la mejor salud. Dios había
querido recordar a los hombres la pasión de su Hijo a través del cuerpo
del Pequeñuelo y, como sólo desde la cruz se preludia la alegría de la
Pascua, a la hora de cantar el "aleluya". Ninguno mejor que Francisco.

Lo
cantó por todos, por ti y por mi; por los hombres y los astros; por las
criaturas y las plantas; por toda esta naturaleza que Cristo reconcilió
y pacificó en su cruz. Francisco interpretó el silencioso canto que
toda la creación le tributa a Dios, y la silenciosa melodía que Dios
canta en la creación. Y lo hizo porque ocupaba el último lugar, y así
pudo ser el primero. Porque era el más humilde de los siervos, y esto
le permitió comprender como nadie la grandeza de su Señor.


SAN FRANCISCO tenía un don especial para con las criaturas….EL LOBO DE GUBBIO 

De Florecillas de San Francisco (capítulo XXI), siglo XIV, de autor anónimo.

En
el tiempo en que San Francisco moraba en la ciudad de Gubbio, apareció
en la comarca un grandísimo lobo, terrible y feroz, que no sólo
devoraba los animales, sino también a los hombres; hasta el punto de
que tenía aterrorizados a todos los habitantes, porque muchas veces se
acercaba a la ciudad. Todos iban armados cuando salían de la ciudad,
como si fueran a la guerra; y aun así, quien topaba con él estando solo
no podía defenderse. Era tal el terror, que nadie se aventuraba a salir
de la ciudad.
San Francisco, movido a compasión de la gente del
pueblo, quiso salir a enfrentarse con el lobo, desatendiendo los
consejos de los habitantes, que querían a todo trance disuadirle. Y,
haciendo la señal de la cruz, salió fuera del pueblo con sus
compañeros, puesta en Dios toda su confianza. Como los compañeros
vacilaran en seguir adelante, San Francisco se encaminó resueltamente
hacia el lugar donde estaba el lobo. Cuando he aquí que, a la vista de
muchos de los habitantes, que habían seguido en gran número para ver
este milagro, el lobo avanzó al encuentro de San Francisco con la boca
abierta; acercándose a él, San Francisco le hizo la señal de la cruz,
lo llamó a sí y le dijo:

— ¡Ven aquí, hermano lobo! Yo te mando, de parte de Cristo, que no hagas daño ni a mí ni a nadie.

¡Cosa
admirable! Apenas trazó la cruz San Francisco, el terrible lobo cerró
la boca, dejó de correr y, obedeciendo la orden, se acercó mansamente,
como un cordero, y se echó a los pies de San Francisco. Entonces, San
Francisco le habló en estos términos:

— Hermano lobo, tú estás
haciendo daño en esta comarca, has causado grandísimos males
maltratando y matando las criaturas de Dios sin su permiso; y no te has
contentado con matar y devorar las bestias, sino que has tenido el
atrevimiento de dar muerte y causar daño a los hombres, hechos a imagen
de Dios. Por todo ello has merecido la horca como ladrón y homicida
malvado. Toda la gente grita y murmura contra ti y toda la ciudad es
enemiga tuya. Pero yo quiero, hermano lobo, hacer las paces entre ti y
ellos, de manera que tú no les ofendas en adelante, y ellos te perdonen
toda ofensa pasada, y dejen de perseguirte hombres y perros.

Ante
estas palabras, el lobo, con el movimiento del cuerpo, de la cola y de
las orejas y bajando la cabeza, manifestaba aceptar y querer cumplir lo
que decía San Francisco. Díjole entonces San Francisco:


Hermano lobo, puesto que estás de acuerdo en sellar y mantener esta
paz, yo te prometo hacer que la gente de la ciudad te proporcione
continuamente lo que necesitas mientras vivas, de modo que no pases ya
hambre; porque sé muy bien que por hambre has hecho el mal que has
hecho. Pero, una vez que yo te haya conseguido este favor, quiero,
hermano lobo, que tú me prometas que no harás daño ya a ningún hombre
del mundo y a ningún animal. ¿Me lo prometes?

El lobo, inclinando la cabeza, dio a entender claramente que lo prometía. San Francisco le dijo:

— Hermano lobo, quiero que me des fe de esta promesa, para que yo pueda fiarme de ti plenamente.

Tendióle
San Francisco la mano para recibir la fe, y el lobo levantó la pata
delantera y la puso mansamente sobre la mano de San Francisco, dándole
la señal de fe que le pedía. Luego le dijo San Francisco:


Hermano lobo, te mando, en nombre de Jesucristo, que vengas ahora
conmigo sin temor alguno; vamos a concluir esta paz en el nombre de
Dios.

El lobo, obediente, marchó con él como manso cordero, en
medio del asombro de los habitantes. Corrió rápidamente la noticia por
toda la ciudad; y todos, grandes y pequeños, hombres y mujeres, jóvenes
y viejos, fueron acudiendo a la plaza para ver el lobo con San
Francisco. Cuando todo el pueblo se hubo reunido, San Francisco se
levantó y les predicó, diciéndoles, entre otras cosas, cómo Dios
permite tales calamidades por causa de los pecados; y que es mucho más
de temer el fuego del infierno, que ha de durar eternamente para los
condenados, que no la ferocidad de un lobo, que sólo puede matar el
cuerpo; y si la boca de un pequeño animal infunde tanto miedo y terror
a tanta gente, cuánto más de temer no será la boca del infierno.


Volveos, pues, a Dios, carísimos, y haced penitencia de vuestros
pecados, y Dios os librará del lobo al presente y del fuego infernal en
el futuro.

Terminado el sermón, dijo San Francisco:


Escuchad, hermanos míos: el hermano lobo, que está aquí ante vosotros,
me ha prometido y dado su fe de hacer paces con vosotros y de no
dañaros en adelante en cosa alguna si vosotros os comprometéis a darle
cada día lo que necesita. Yo salgo fiador por él de que cumplirá
fielmente por su parte el acuerdo de paz.

Entonces, todo el pueblo, a una voz, prometió alimentarlo continuamente. Y San Francisco dijo al lobo delante de todos:


Y tú, hermano lobo, ¿me prometes cumplir para con ellos el acuerdo de
paz, es decir, que no harás daño ni a los hombres, ni a los animales,
ni a criatura alguna? El lobo se arrodilló y bajó la cabeza,
manifestando con gestos mansos del cuerpo, de la cola y de las orejas,
en la forma que podía, su voluntad de cumplir todas las condiciones del
acuerdo.

Añadió San Francisco:

— Hermano lobo, quiero
que así como me has dado fe de esta promesa fuera de las puertas de la
ciudad, vuelvas ahora a darme fe delante de todo el pueblo de que yo no
quedaré engañado en la palabra que he dado en nombre tuyo. Entonces, el
lobo, alzando la pata derecha, la puso en la mano de San Francisco.
Este acto y los otros que se han referido produjeron tanta admiración y
alegría en todo el pueblo, así por la devoción del Santo como por la
novedad del milagro y por la paz con el lobo, que todos comenzaron a
clamar al cielo, alabando y bendiciendo a Dios por haberles enviado a
San Francisco, el cual, por sus méritos, los había librado de la boca
de la bestia feroz.

El lobo siguió viviendo dos años en
Gubbio; entraba mansamente en las casas de puerta en puerta, sin causar
mal a nadie y sin recibirlo de ninguno. La gente lo alimentaba
cortésmente, y, aunque iba así por la ciudad y por las casas, nunca le
ladraban los perros. Por fin, al cabo de dos años, el hermano lobo
murió de viejo; los habitantes lo sintieron mucho, ya que, al verlo
andar tan manso por la ciudad, les traía a la memoria la virtud y la
santidad de San Francisco.


Fuente: http://www.corazones.org; http://www.devocionario.com ;www.ewtn.com


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2 respuestas a San Francisco de Asis

  1. Mar�a Elena Cecilia dijo:

    Maria delos Angeles de casualidad descubri tu espacio te agradeceria quer me mades agjuntos de San Francisco de Asis y de la Virgen Maria en la adbocacion de patromna del uruguay

  2. Avilio Torres Castro dijo:

    La anécdota de San Francisco y el Lobo nos dá a entender que con humildad y confianza en Dios,podemos dominar esa fiera que llevamos dentro,la cual nos puede matar si no la sabemos dominar,como es la ira,la soberbia,la degeneración del verbo,y sobre todo las debilidades que nos hacen caer en tentaciones, ya que a veces no pecamos por malos sino por débiles. Probemos y veremos la respuesta de Dios, ya que él no desprecia a un corazón arrepentido.

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